Buscarla debajo de la cama, entre las sabanas y tu almohada. Buscarla en el vestido de coctel como mancha de sangre en la esquina. Buscarla en tu desayuno en la mañana, entre las cortinas, en el sofá. Buscarla en un libro, en el auto, entre matraces y probetas. Buscarla en tres capaz de maquillaje y un condón. Buscarla en su caligrafia de araña, en el olor del café endulzado con miel y azucar. Buscarla mientras mueres y revives, mientras te bañas y eliges qué ponerte. Buscarla un dia, un mes, un año. Negar que la buscas, que buscas sus ojos y sus besos en otros labios, su imagen en otro retrato. Buscar sus zapatos, sus anillos, sus collares, sus modales y su voz. Buscar su voz por sobre todas las cosas, su voz y su sonrisa, los libros que leyó, las cartas que escribió. Buscar su comida, sus sabores, sus olores, su perfume, sus mentiras, sus verdades, sus cuentos, su imagen. Buscarla en otros brazos, buscarla en pedazos, un retazo en ella y un retazo en otra. Porque la primera leia las mismas historias y la segunda estornuda como gato. Buscarla en el zoo, en los arbustos, en el pasto, en los arboles, en la tierra, en la magia. Buscarla en el tarot, en las lineas de tu mano, en las frases absurdas y los estados sin sentido. Buscarla en mil mujeres que no son una, busqueda inutil e incansable. Buscarla hasta viejo, acercarte demasiado. Decir que disfrutas tu vida solo porque puedes ignorar lo que obligas a tu alma a callar. Buscarla entre las olas de tu todo, de tu nada, de tu everything, de tu forever, de tu nunca jamas, de tu por siempre. Del Te quiero siempre amor. Amar solo a una y tirarte a las que vengan.


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